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Artículo:

Lo que los contribuyentes callan y el Estado no otorga (Parte IV)

18 diciembre 2020

Cr. Emiliano Forte , Senior de Asesoramiento Tributario - [email protected] |

Introducción

En esta ocasión, el objeto de nuestra cuarta publicación consistirá en verter algunos comentarios de mejoras que deberían implementarse en el articulado del Impuesto a las Rentas de las Personas Físicas (IRPF). A diferencia de las entregas anteriores -en las que se analizó el IRAE, el IPAT empresarial y el IVA-, el IRPF no se trata de un impuesto empresarial propiamente dicho. No obstante, tiene una influencia indirecta en las empresas, puesto que afecta las remuneraciones líquidas que percibe su personal dependiente; así como también impacta a la hora de distribuir dividendos y utilidades a los socios y accionistas que sean personas físicas residentes.

Sentado lo anterior, pasaremos a reseñar las debilidades más nocivas que presenta el impuesto.

Readecuación de tasas

El modelo dual sobre el que está estructurado el IRPF encuentra su inspiración en los sistemas tributarios de los países nórdicos, en los que se gravan separadamente las rentas del capital (Categoría I) y las del trabajo (Categoría II). Sin embargo, desde sus inicios el IRPF no respetó a rajatabla dicho modelo, que estipula que la alícuota más baja de la Categoría II (10%) debería ser la tasa general de la Categoría I (12%), mientras que la tasa más alta de la Categoría II –en un inicio 25%, luego 30% y ahora 36%- debería ser equivalente a la tasa que grava las rentas empresariales (25%). Las razones para esta armonización, según el modelo original, apuntan a evitar que el contribuyente practique un trasiego de rentas de una categoría a otra para abusarse de una reducción de las tasas aplicables.

Sería bienvenida una modificación de las tasas que se adhiera con plenitud al modelo dual nórdico; amén de un serio análisis de las tasas progresivas que gravan las rentas del trabajo, puesto que las actualmente vigentes producen violentos aumentos del impuesto en algunos cambios de categoría –fenómeno conocido como «efecto del salto», el que también desencadena desagradables consecuencias en el IRAE ficto, tal como señalamos en nuestra primera publicación-.

Deducciones en la Categoría II

El universo de deducciones que los contribuyentes del IRPF pueden descontar de sus rentas del trabajo es tan escueto como hilarante, y en varios casos los importes computables no son los reales, sino valores fictos que no se corresponden con la realidad socioeconómica de nuestro país. A modo de ejemplo, para el legislador un hijo menor de edad sin discapacidades insume gastos por un equivalente de UYU 4895.

mensuales, importe asaz alejado de lo que realmente se puede llegar a gastar por cada descendiente.

Al no facultar la posibilidad de descontar los gastos reales, el legislador pierde con ello la posibilidad de que los contribuyentes practiquen el denominado «control cruzado». Por ejemplo, cuando vamos al odontólogo u otro profesional, ¿alguien le pide la factura por sus servicios? Casi nadie, porque no tiene ninguna utilidad. ¿Qué ocurriría, por el contrario, si nos permitieran deducir al gasto en la liquidación del IRPF? Seguramente solicitaríamos el comprobante, lo que forzaría a la contraparte a facturar el servicio y que tribute el impuesto correspondiente.

Pero el desvarío no termina aquí. Contrariamente a lo que el sentido común podría imaginar, el IRPF no se calcula a partir de la diferencia entre ingresos y deducciones. Su esquema va a contracorriente de otros impuestos progresivos: por un lado toma los ingresos, a los que les aplica alícuotas progresivas del 10% al 36%; mientras que por otro toma las deducciones, a los que somete a una tasa proporcional del 8 o del 10%. Urgimos a que esta modalidad de cálculo sea modificada, por cuanto no se condice con la de otros impuestos análogos del derecho comparado.

Dividendos y utilidades fictos

Emanados de la desesperación del legislador por reducir el rampante déficit fiscal, y al borde de la constitucionalidad, los dividendos y utilidades fictos se han erigido como una de las figuras más inoportunas del ordenamiento jurídico tributario. Suponen el reconocimiento de una renta ficta por la no distribución de dividendos o utilidades, violentando las decisiones patrimoniales de los contribuyentes del IRAE que, por diversos motivos, han optado por no distribuir sus resultados.

Al igual que la regla de la contraparte, las razones antielusivas que supuestamente inspiraron los dividendos y utilidades fictos no son motivo para crear una regla general que ha perjudicado a varios contribuyentes; por lo que lo mejor que puede hacerse con este régimen es eliminarlo por completo.

Conclusiones

No causará sorpresa en el lector comprobar que la agresiva confiscatoriedad del IRPF ha dado al día de hoy sus amargos frutos: actualmente es el segundo impuesto de mayor recaudación, superando incluso al IRAE. Es inexorable una modificación de sus contenidos, en especial en lo que respecta a su modalidad de cálculo y sus alícuotas, tan ciegas de la capacidad contributiva de los sujetos pasivos.

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